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Estela Chardon, cofundadora de Concebir Asociación Civil, psicóloga perinatal y madre por ovodonación
Gabriela Barontini, psicóloga perinatal, integrante del equipo de Psicología de Concebir
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No es raro que nos preguntemos “¿hay algo mal en mí?”, “¿estoy fallada/o?” , “¿qué me dirá mi familia?”; y que pensemos “si no soy madre, no me siento totalmente mujer…”, “mi pareja podría haber tenido un hijo con otra persona”, “no soy lo suficientemente hombre”, “fracasé”. Y ¿saben qué? Estos son solo algunos ejemplos de lo que pasa por nuestras mentes.

Ideas que nos hacen daño, aumentan nuestra angustia, nos ponen más irritables. Refuerzan el dolor que ya sentimos. Nos quitan la energía y nos traban el camino que de por sí no es fácil de recorrer, que es un laberinto. Son nuestros “propios mitos”.

Necesitamos reconocer que no nos ayudan, y encontrar la forma de ver el problema desde otro lugar. Justamente, esa es la dificultad: sin darnos cuenta, muchos de los mitos sobre la fertilidad son nuestros, los tenemos incorporados, archivados en algún lugar de nuestras mentes.

Esos “propios mitos” nos hacen daño, aumentan nuestra angustia y nos ponen más irritables.

Muchas parejas llegamos a las clínicas, centros de reproducción asistida, hospitales o a la consulta psicológica con muchas dudas y falsas creencias. Tal vez fueron estas creencias las que influyeron en el paso del tiempo para decidir concertar una entrevista, estando a la espera de embarazarnos “en cualquier momento” o “cuando nos relajemos” o “cuando encontremos una pareja”.

Cuando una amiga nos dice: “Seguro de las vacaciones vuelven embarazados” o “cuanto menos pienses en el bebé, más rápido te vas a embarazar”, probablemente quisiéramos gritarle que ya nos fuimos muchas veces de vacaciones y no nos embarazamos o que tratar de no pensar en algo es una muy mala idea.

A veces el secreto consiste en aceptar la realidad, a veces tenemos que seguir luchando, a veces hay que explorar nuevos caminos. Lo difícil es saber cuándo. Nos podemos equiv

Si en una reunión familiar alguien propone “pensaron en adoptar?” o “¡deberían tomar DHEA!, conozco una pareja que empezó a tomarla y se embarazaron”, sentimos que nos invaden, que se meten en nuestra vida, que piensan que no sabemos nada, que no pensamos, que no estamos luchando como nosotros sabemos que lo hacemos diariamente.

Y si tenemos un hijo, nunca falta el comedido que en el ascensor nos pregunta: “¿Y la parejita para cuándo?, “hay que darle un hermanito/a…”, como si le importara, como si hubie-ra que tener dos hijos y además de sexos diferentes.

Las MSPE hemos escuchado muchas veces: “¿Y si en vez de un banco de semen, le pedís a un amigo?”. En ese momento dudamos… ¿le contestamos?

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No se trata de eliminar esos mitos ni consejos, no se trata de evitarlos, ya que eso los hace todavía más potentes. El desafío: dejarlos fluir. No prestarles atención. Como si fueran un sonido de fondo. Como un ruido un poco molesto que debemos dejar, para enfocarnos en sentirnos mejor, en atravesar la experiencia, en tomar decisiones considerando todas las alternativas.

Aceptar la realidad y aprender a convivir con ella sería un primer paso, por supuesto que no es sencillo y no se da de un día para el otro, pero nos va a permitir elaborar diferentes estrategias para afrontar la situación y poder estar más tranquilos, manejar las emociones, los tiempos de espera, los resultados negativos y diversos inconvenientes que puedan ir surgiendo en el camino. En ocasiones, abandonamos el sueño de tener un bebé antes de darle tiempo suficiente al tratamiento de fertilidad, dado que el estrés emocional que provoca hacer frente a la dificultad para concebir puede resultar muy grande. El deseo y la perseverancia son fundamentales para avanzar en esa búsqueda. Podemos pensar que cada tratamiento es una nueva oportunidad, podemos decidir cuándo parar, cuándo elegir otra alternativa. Podemos recuperar la sensación de control sobre nuestras vidas, después de haber sentido que se nos iba de las manos.

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*Extracto de nuestro  libro Saliendo del laberinto